domingo, 29 de junio de 2014

Amar y desamar.

Le gustaba hacer el desamor entre las sábanas de la cama de arriba. Recorrer y marcarse la piel con los dientes, dejando una firma inconfundible. Taparse los ojos y robarse besos. De esos que no se devolvían nunca. Que eran para siempre. Se vomitaban los sentimientos porque eran incapaces de digerirlos. Era algo que ni ellos mismos se tragaban. Un libro, una película, una canción, un teatro. Se enzarzaban en una lucha por ver quién era el dominante -quien amaba- y quién el sumiso -quien era amado-. Al final todo acaba en tablas para ambos, porque ninguno podía amar sin que lo amaran. Y, entre las sábanas de la cama de abajo, acababan haciendo el amor.

Prólogo: El inicio en el final.


Nadie se da cuenta de que mi vida, gira alrededor de un libro. Un libro en blanco que nadie puede leer, lleno de mí. Quizás esto solo sea una metáfora para deciros que nunca a habido nadie que me haya entendido. Que para mí el mundo está lleno de desconocidos que, a veces, quieren conocerse. Y así nace el amor. Cuando un libro se convierte en la continuación de otro, cuando al principio, ni siquiera lo imaginabas. 

Luego hay libros que se acaban, libros que nunca se terminan, a medio escribir. Unos escritos con la mano temblorosa y otros firmemente. Mi libro está apenas sin empezar y no tengo pensado ningún gran final, y, mucho menos, una continuación.  Pero yo sabía que nadie querría leer(me). Miis capítulos están llenos de ti y sé que yo aparezco en alguno de los tuyos. Aunque también sé que nunca podré ser la segunda parte de tus días, y desaparecerás en algún lugar de mis próximas páginas, y, aun así, me falta valor para dejar de escribir.

La luz entra por la ventana, el tiempo se detiene, y yo no lo entiendo. Pero, por favor, dile al amor que me rindo, que nunca nos entendimos. Que no soy yo, que es él. Que no me llame más. Que no me de un para siempre con fecha de caducidad, y que se deje de tópicos absurdos que hoy he tachado de mi prólogo.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Buscaba palabras entre las sábanas de un desconocido.

Hizo una montaña de arena con su cúmulo de pequeños problemas, así podía tragárselos todos del tirón y no dejar ninguno. Era una persona indecisa, no sabía qué le aportaba la felicidad y qué la tristeza, así que iba tanteando a ciegas. Explotando seis veces por minuto.

Un día la ves y al siguiente ya se había ido, con su maleta llena de sueños y algún que otro remordimiento, buscando de cama en cama alguien con suficientes lunares en la espalda, para contarlos durante toda la eternidad, y perderse entre lo caminos de piel en los que escribía cartas de agradecimiento. 

Se ataba a una farola y esperaba en la luz, bailando bajo la luna loca, a alguien que la recogiera y le hiciera el amor, y la hiciera olvidar, su montaña de problemas, que nunca supo digerir.

Porque era una transeúnte solitaria, en busca de alguien que explotara con ella.

sábado, 22 de marzo de 2014

"Altamente volátil" decía, pero yo la abracé y explotó.

"Ese día no supe si correr o explotar en el mismo sitio. Fue como un cúmulo de sentimientos, de esos que son altamente volátiles. Así que empecé a llorar. A soltar todo lo que tenía que decirte y no pude, desbordándo-me. Hay veces que mirar atrás nos hace daño, que de caernos tantas veces ya lo hacemos por pura monotonía. Repetía errores por pura diversión y no quería que tú, pudieras ver lo débil que era yo -cuando nadie me veía-.

Por las noches, solo podía pensar, y quizás eso fuera lo que más daño me hacía. ¿Por qué  las esperanzas, sabiendo que siempre se equivocan, usan una brújula desimantada? He decidido perderme, es ahora o nunca porque demasiado de ti hace que pierda lo poco que tengo de mí. Quizás lo más arriesgado no es quererte, sino vivir sin olvidarte, contigo pero sin ti. ¿Me entiendes? No es que dejara de quererte, es que tuve que dejar de hacerlo. Por ti y por mí. Quizás más por mí que por ti. Quizás es muy egoísta de mi parte, pero si nunca te tuve, al menos me queda tenerme a mí. Huiré por el tiempo, esperaré por las calles de la ciudad y tal vez, algún día te vea, y en vez de romperme, me reconstruya.

¿Sabes? Me hice adicta al amor descafeinado, más noches en vela pensando que noches amando."

Cuando dejó de escribir, cerró el sobre y echó la carta al buzón sin dirección para que algún día, cuando se pierda de nuevo entre su olor y su voz, recuerde esas noches tan amargas, sin azúcar en el café.

Así siguió adelante, con el corazón roto.

- ¿Te acuerdas de la primera vez que hicimos el amor? 
Él la miró. Había extrañeza en su mirada, como si pudiera ver a través de las miles de máscaras que ella tenía puestas, una encima de la otra. Podía percibir el leve temblor de su cuerpo, sus hormonas ir y venir, la adrenalina exhalándose por su boca, deslizándose por sus labios. En ese momento no la reconoció, con los sentimientos a flor de piel, y los recuerdos flotando en la tristeza.
- ¿Cuándo hemos hecho el amor nosotros?, respondió él. 
Y ella se rompió en doce pedazos. Uno, por cada mentira, dos, por cada promesa, tres, por cada día juntos, cuatro, por cada vez que su olor se había quedado en su ropa, cinco, por cada sonrisa sin razón, seis, por cada recuerdo, siete, por cada instante que se paró el mundo, ocho, por cada carcajada que se ha quedado en el aire, nueve, por cada vez que entró en su habitación, diez, por cada roce, once, por cada beso, doce, por cada tal vez que tal vez jamás ha existido.

"Y ahora tendré que salir a buscarme alguien que me arranque de cuajo la pena. De alguna manera tendré que olvidarte..."

Fragmentos que forman imágenes.

Nunca pude verlo porque me tapaba los ojos, con mis propias manos y jugaba a imaginar, que quizás me querías, que quizás me querrías. Nunca quise empezar de nuevo, borrar los recuerdos, las canciones que te recordaban, las palabras que te dibujaban en mí. Aprendí a vivir con los ojos cerrados, atada a una cuerda que terminaba en esperanza. Repitiéndome una y otra vez, las cosas que me rompían para hacerme a la idea, que eran fantasías. Dependiendo de unos brazos que me agarraban fuertemente y me decían que todo era una mentira. Y lo supe. Y lo supiste. Y lo supieron. Que todo lo que vivimos solo un fue un cuento que nunca acabé.‏

domingo, 10 de noviembre de 2013

Y te dejó con ganas de más mentiras.

Cuando todo acabó, ella decidió empezar a ser de nuevo. Dejar de ser para volver a no ser lo mismo. Pasaba los días recluida en promesas que se hacía a si misma, y que apuntaba en una lista para devorar su corazón de una estacada. ¿Y las noches? Iba de cama en cama, navegando por sueños ajenos, y mojando la cama de algún desconocido que decidía perderse por sus encantos, lo que no eran más que una ilusión mal dibujada. Su reflejo huyó por el desagüe  en un barco hecho de tiempo y navegaba perdido por cualquier espejo. Se buscaba en los recuerdos manchados del café de la mañana, en el periódico, en los besos de despedida que nadie le daba, en las luces ámbar de los semáforos, en cada grito de suicida que dejaba escapar su corazón al tirarse desde el ayer. Y entonces comprendió que el mundo estaba lleno de mentirosos que querían decir la verdad.


Aún oigo el roce entre mi cuerpo y tu recuerdo.

Nunca preguntó por qué, simplemente, se dejó llevar hacia dentro, hasta el final, donde ya no hubo marcha atrás. Varada en una playa, habiéndose perdido no una vez, ni dos, sino infinitas veces en aquellos momentos, que le parecían tan suyos. Paseaba por la orilla de los labios que creía conocer, pero que al mirar atrás habían borrado todas las huellas de su paso por allí. Y ahora no era nada más que el roce de un cuerpo con un recuerdo. Los restos de la melodía de una voz que enmudeció. El leve olor que permanecía huyendo de sus manos, y que trataba de coger desesperadamente. Y poco a poco, hablamos de aquella que aprendió a vivir en el recuerdo, que contaba historias a las estrellas de día. 
Quien dejó de ser sin preguntarse por qué.

sábado, 12 de octubre de 2013

Salta, y cuando caigas, no saltes de nuevo.

Cuando todo acabó, ella decidió empezar a ser, de nuevo. Dejar de ser para volver a no ser lo mismo. Pasaba los días recluida en promesas que se hacía a si misma, y que apuntaba en una lista para devorar su corazón de una estacada. ¿Y las noches? Iba de cama en cama, navegando por sueños ajenos, y mojando las sábanas de algún desconocido que decidía perderse por sus encantos, lo que no eran más que una ilusión mal dibujada. Su reflejo huyó por el desagüe en un barco hecho de tiempo y navegaba perdido por cualquier espejo. Se buscaba en los recuerdos manchados del café de la mañana, en el periódico, en los besos de despedida que nadie le daba, en las luces en ámbar de los semáforos,en cada grito de suicida que dejaba escapar su corazón al tirarse desde el ayer. Pero no se encontró. Y entonces comprendió que el mundo estaba lleno de mentirosos que querían decir la verdad.

lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Cuántas vidas necesitas para cazar al amor?


Ese era su juego preferido. Porque lo nuestro, solo era eso. Un desliz de una noche, una ola de tantas, algo que se acaba en un segundo. Con cada palabra, me daba una razón para abandonar, con cada gesto, hacía que me retractara. Aún recuerdo el tenue color rojo, que dejaba su carmín al besarme, el olor que dejaba después en mis manos, el como me gustaba cerrar los ojos e imaginar que seguía conmigo, ver como perfectamente se hacía hueco dentro de cada uno de mis pensamientos, y la hacía estar a mi lado, incluso cuando me dejaba. Porque no éramos más de lo que podíamos ser y dejábamos de ser, cuando no estábamos juntos. Éramos un sinfín de ideas juntas, formando historias que acabaría contando cuando no tuviera nada mejor que hacer, cuando el tiempo y yo, ya no fuéramos a la par, porque siempre me quedaba detrás, viéndola ir, como si me arrancaran en ese instante un peso de encima, y a la vez, me quitaban todo por lo que seguir de pie. Y yo solo me dejaba llevar, como si se hubiera detenido todo. Ese era nuestro juego favorito, pero ahora me he quedado sin vidas, para volver a jugar a que lo nuestro es amor.